Aýna, te llevo en el corazón, por Paco Pérez

Paco PérezPaco Pérez, 47 años. Jerezano porque lo quiso su madre manchega y albaceteño para siempre. Animador sociocultural, educador social, técnico de juventud, siempre emprendedor desde lo público, desde el asociacionismo y desde lo privado. Su primer trabajo como animador sociocultural fue en Aýna y sus pedanías cuando empezaban los 90´s. Posteriormente, trabajó en varios municipios de menos de cinco mil habitantes de la provincia de Albacete para los servicios sociales comunitarios. Lleva diecisiete años al frente del Centro de Información Juvenil del Ayuntamiento de Albacete.

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Aýna, donde la paz te envuelve!!!

La primera vez que me acerque a Aýna estudiaba bachillerato y cantaba en un grupo folk del instituto.

A través de mi buena amiga Mª Ascen se concertó una actuación y para allá que fuimos. Desde aquel día hasta hoy, Aýna es para mi tercer hogar.

Nací en Jerez (mi segundo hogar) y conozco pueblos blancos colgados de las piedras gaditanas. Albarracín en Teruel o Alcalá del Júcar en Albacete son preciosos.

Pero, Aýna te llega al corazón. Por sus gentes. Por su idiosincrasia. Por sus aldeas.

Todo en Aýna es diferente. Si te paras y escuchas.

Las mejores habas de la huerta las he comido en las terrazas de sus restaurantes. El mejor cordero, las mejores patatas y los tomates en la ensalada. Y no te digo ná si os gustan los dulces, flores, empanadillas, tortas, suspiros,… En horno de leña. Pa morirse. Y eso que yo no soy galgo. Comida sencilla, cocinada con corazón. Porque sus vecinos viven así.

Si bajas al río Mundo, tendrás la oportunidad de disfrutar de un paseo, estirar las piernas y pararte a subir la vista por las empinadas calles o por los riscos de los Picarzos. Al atardecer alguna cabra montesa, avanzadilla de la Sierra del Segura, recortara silueta cerca de ti.

Pero si quieres excursiones puedes remontar o bajar el río Mundo hacía Las Juntas, donde se junta éste con el Bogarra. Hay cortados que no te los imaginas y por allí subíamos a la entrada a la cueva del Niño. Habla con el Ayuntamiento para que puedas ver las figuras de arte levantino dibujadas hace miles de años.

Los curiosos y los amantes de la escalada tenemos buenas rocas para ver y experimentar el eterno reto del hombre: superarse.

Me vienen imágenes de mi primera juventud. Íbamos en bicicleta desde Albacete hasta Aýna. Subíamos las bicis hasta la cueva de la vieja encima de la piscina. Echábamos la manta, dejábamos la mochila y ….hala! al pueblo a ver a nuestros amigos, al río Mundo a darnos un baño, a tomarnos unas cervezas, a los toros, a los encierros, a las fiestas. Y al llegar el cansancio, de madrugada subíamos por las terrazas hasta nuestro particular hotel. Las mejores vistas, de frente Los Picarzos, el cielo estrellado, la frescura de la noche, el olor a romero, a sierra, aire puro que te invita a entornar los ojos. Señor, como se puede dormir tan a gusto sobre una manta, un aislante y un saco de verano. Aýna.

Unos años más tarde, trabaje como bibliotecario y animador sociocultural. Viví un año especial. El trayecto diario desde el piso hasta el ayuntamiento era especial, recién levantado y cuesta abajo. Todo era digno de saludar, desde el perro del vecino hasta los geranios en flor. Me sentía rodeado de una paz que solo se puede describir sintiéndola día tras día entre sus gentes. Mis paseos en vespa por la carretera que te lleva junto a las huertas y al río, camino de Royo Odrea es de lo mejor.

Las tardes en la biblioteca. Con las mejores vistas desde su terraza. Donde los niños y yo pintábamos las macetas mientras la huerta y los Picarzos nos contemplaban. Otros grandes atardeceres ayniegos.

Si te gusta el mar y te gusta la diferencia, tienes que pararte en Aýna. Dalí, el pintor, se lo perdió. Tú aun estas a tiempo. Pása por Aýna. Y ya me contarás.